Hay gente que es capaz de salir a bailar en medio de todo el mundo, sin importarle absolutamente nada lo que vayan a opinar de él o ella, dejándose llevar por sus propias ideas, por sus deseos, y aparcando las inhibiciones. Y luego están los que apenas pueden mirar a los ojos a otras personas cuando hablan con ellas, especialmente si son desconocidas. La vergüenza, que muchas veces se asimila también la timidez, es algo muy común hoy en día, para nada extraño, pero aun así suele ser vista como un defecto, sobre todo cuando afecta a nuestra vida habitual. Somos seres sociales y estamos entablando conversaciones e interacciones sociales cada dos por tres con los demás, así que tener vergüenza puede ser contraproducente si eso nos impide dar nuestra mejor imagen, o relacionarnos como deberíamos. De hecho, la timidez hace que muchos niños y jóvenes queden casi aislados, por no saber cómo vencer ese miedo a dar el primer paso y encontrar amigos.
La vergüenza es algo natural, un mecanismo que tenemos, de origen social eso sí, para no llamar tanto la atención, para no hacer cosas que los demás puedan considerar erróneas o censurables. Y sin embargo, el término “vergüenza” muchas veces se confunde con la propia timidez, que es a lo que se llega cuando restringimos por completo nuestro contacto con el resto del mundo, cuando tenemos problemas para socializar e interactuar con los demás. Hay personas que son felices de esta forma, teniendo un perfil bajo, sin llamar la atención entre sus semejantes, pero en otros muchos casos la vergüenza puede ser una barrera bastante importante a la hora de conseguir lo que queremos, desde encontrar paraje hasta participar en el buen ambiente de trabajo que hay en la oficina. En este artículo vamos a dar algunos consejos sencillos pero muy útiles para poder perder la vergüenza, y que no se convierta en una barrera para nuestro desarrollo y nuestra felicidad.







